Tengo el deseo o la necesidad de salir, ya casi no recuerdo cómo fue que todo comenzó, tal vez fue por deseo pues salí preparado con todo para un viaje. No puedo recordar quien soy, o quien fui o simplemente por que salí.

Vagamente vienen a mi mente imágenes de esos primeros pasos, de esas primeras caras. Podía sentir como en cada cruce de miradas nuestras identidades se mezclaban, esa persona tenía algo de mí y yo, yo no sé si le robaba o simplemente la adquiría bajo su silenciosa aceptación.

En esos encuentros fue cuando me di cuenta que algo no estaba bien, que si seguía camino podía perderme, podía dejar de ser ese “yo” que salió y tal vez no sea el mismo cuando vuelva. ¿Volveré?

Ahora me siento errante, en cada paso fui olvidándome de muchas cosas adquiridas por terceros, de muchos prejuicios, miedos y de malos modales. Puedo intuir que aunque este perdido en este laberinto infinito de calles, gente e historias no he elegido el camino incorrecto,  fue el que las emociones fueron escogiendo.

Durante este periplo fui muchas cosas, peregrino, refugiado, indigente, niño, enamorado y hasta me di el gusto de sentirme ciudadano. Todavía sigo perdido, pero no sé si decirlo firmemente, porque no recuerdo si alguna vez salí.

Laberinto de Identidad

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